Citas de otros

viernes, 24 de junio de 2011


En el sueño de aquel poema inconcluso que nunca surgió, pues no existías ni aparecías, mas que en lo alegórico de tu ausencia, derramaba copas de licor en la alfombra imaginaria que no tengo y tendría si tu fueras realidad, pesa en mí ese vacío triste, inherente a la perfección de verte desnuda en la cama con un lunar junto a tu ombligo, preludio de cosas mejores que ya tuve con otras, pero no contigo, suspiro de mi anhelo, suspiro de la inconformidad con que otras saciaron mi sed, sin ser tú, desconocida de mis desvelos, maravilla por aparecer, mientras zapeo en el televisor canales de aburrimiento.

sábado, 30 de abril de 2011

En el aire


EN EL AIRE


Para no desconocerla diré que alcanza  mi ignorancia el punto justo, exacto, para recordar el instante preciso del adiós. Brisa ondeando la melena del olvido. En la distancia mi tristeza observa en silencio.

domingo, 16 de enero de 2011

El imperio de la ignorancia.





              EL IMPERIO DE LA IGNORANCIA I

1.- ENTRANDO


- ¡ Suéltame, es mi  decisión  !- exclamó el andante ciudadano de figura alargada y flaca, con los brazos clamando al cielo, diríase que podía parecer  un árbol de hojas caducas. Salta el precinto de seguridad y avanza con paso firme. La gente le rogaba  que no fuera, nadie  lo había logrado en los últimos ocho años, yo mismo intenté sujetar su brazo, fui yo al que gritó. Fue su última oportunidad. Entró por aquella puerta giratoria y pese a la expectación generada,  dos horas después, ya se sabía que no saldría de allí, desaparecido  donde fuera que lleváranse a los civiles categoría Be negativo, con el brazalete bien visible,   que entraban en aquel siniestro lugar. Las teorías eran múltiples, las certezas igual a cero al cuadrado.
  
  Fuime pensativo a casa, caminando entre la multitud curiosa que se agolpó a escasos metros, cabezas gachas,( categorías Be neutro, Be negativo e incluso Ce positivo), con la indolencia del que nada hace.

¿ Qué sería lo que ocurría en aquel lugar ?. 

  Era el sexto desaparecido en un mes. La desesperación cundía entre la población. La crisis que mandó todo al carajo, excepto a los privilegiados que nunca pierden, se alargaba en exceso, pese a las subvenciones para alimentos y las comunas en pisos de extrarradio, la gente comenzaba a desesperar de aquella vida, carentes de sueños, limitados a las certezas que otros dictaban, recordaban tiempo pasados  cuando todo lo tuvieron y nada retuvieron.

   En la simpleza consustancial a mi persona, con el pensamiento encerrado en un bucle continuo de preguntas y respuestas sin sentido, pretensiones ni rumbo fijo, tomo la determinación suicida de ver lo que se estaba cocinando en aquel lugar, todavía quedaban derechos a los ciudadanos ociosos forzosos como la primera persona del singular tomada de protagonista en una historia más de no se sabe qué fabulador de vidas ajenas disponiendo e indisponiendo a diestra y siniestra.

   Regresé. No sobre los mismos pasos que había desandado, nunca volvía por el camino ya hecho, sino tomando un rodeo que evitara las miradas curiosas dispersadas en sus desengaños y mensajes gubernamentales apoyados en los números trucados de financieros ávidos de sed y billetes verdes, azules, marrones que una vez decían una cosa y la contraria, según premeditada conveniencia, y en otras decían lo contrario más el reflejo de lo que ya habían dicho con otras palabras. Los que nunca pierden, porque aún perdiendo el resto de la masa mediocrizada en consignas adulteradas, ellos nunca lo hacían y si lo hacían era para disimular su pena de avariciosos, sufrían tanto por tener tanto y que otros padecieran su avaricia que tenían que refugiarse en la buena vida que su condición les otorgaba para poder olvidar el trauma de sus conciencias yermas en ideas colectivas. Darwinismo social con truco y trampas, oportunidades desiguales con desiguales resultados. El imperio de la ignorancia.

   La entrada, desierta la calle. Un viento incómodo recorre la melena que cae sobre mis hombros. La barba de ochenta días irregularmente cortada a cachos desordenados. Colonia barata perfumaba el cuello de la camisa, ligeramente ennegrecida por los puños. La mano que una vez fue bella y suave empuja la puerta. Penetro en la estancia, el corazón se acelera y la mente se perturba en miedos inconcretos. Temblorosos los pasos que me acercan a la incertidumbre de lo que era un día normal, corriente como muchos otros, y podía ser el final de una existencia a la que por más que tratara de encontrar el sentido en mis filosóficas borracheras de las tardes sin luz no veía la forma de acabar con el teatro de la mentira.

- Buenos días, señorita - balbuceo con voz encascarillada y ronca mientras ojeo el escueto escote de una cara maquillada de perfectos pómulos.

El buenos días quedó flotando en el aire como una melodía por desencadenar, apareció un robusto trajeado de nudillos prominentes, ceño fruncido y arrugas en la frente de una calva naciente. La chica de pómulos perfectos pareció sonreír en un rictus bucal imperceptible que la hacían aún más bella. Los nervios atenazaban el nudo hambriento de mi estómago, pan con sucedáneo de margarina de un desayuno ya lejano  algo remoto en esa tensa espera, en este atrevimiento del que me arrepentía pero al que no podía renunciar. Se abrió otra puerta, se escuchaba música, bullicio entre palabras y risas, atónito y silencioso, espero.

domingo, 26 de diciembre de 2010

No tenía culpa

  "Escucha bien lo que te digo", fue lo que dijo, pero no escuchó , acaso siquiera oyó el runrún de sus palabras emitidas en la desesperación del que se le han acabado las mentiras  llenas de engaños, perfidias y traición (algo que había escuchado en el alguna canción de no recuerda qué autor), se fue pensativa, con lágrimas pesadas que ennegrecían el perfecto pómulo de su mejilla derecha, tantas veces besado, amado y sentido.

  No esperó a ver el rastro de sangre que brotó de su labio inferior cuando el bofetón le dió, ni el "espera, puedo explicarlo", mientras desnudo intentaba tapar lo evidente, una erección de caballo junto a un perfecto trasero presto a ser gozado segundos antes de que la puerta se abriera. 

  Ella,  con la excitación de los primeros momentos preliminares, besos, sexo oral y otros pasos previos al prometedor coito, interruptus en una situación confusa, no  se había inmutado por la escena, acostumbrada a las mentiras de los hombres, siempre casados, siempre mintiendo, buscando en barras de bares lo que ya tenían y no sabían disfrutar. Escupe su indolencia mientras le ve gemir lágrimas suplicantes de mal perdedor. Esa parte la enferma, con indiferencia y asco se viste, ropa interior para la ocasión desperdiciada por la decepción profunda, el déjà vu, silenciosa, meditando como el encanto falso con el que después de bailes, copas y risas se dejó convencer, arrastrada por la irresistible labia de aquel fabulador de engaños. 

  Lo deja en sus intentos desesperados por resucitar la grieta que se abre en un matrimonio infiel. Abandona, sin despedirse de quien no lo merece, aquel cuarto tercera del doscientos tres de una calle cualquiera, hace frío y la parada de metro está en la esquina, afortunadamente, a la que no llega porque un objeto contundente impacta violentamente en su nuca, la ira de la frustración acabó con la vida de aquella preciosidad desparramada en la desierta calle, sangre en los oídos, fin. Una mujer habla por un teléfono móvil, lágrimas en el pómulo, habla agitada,"ya subo y hablamos, no te preocupes".
 Escueta noticia en el diario del día siguiente. No tenía culpa.
   Lo que después pasó es difícil de contar y explicar, tal vez en otra ocasión, alguien, en algún lugar, contará la continuación.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El olvido se apodera del yo


"Escucha bien lo que te digo", fue lo que dije, pero no escuchó , acaso siquiera oyó el runrún de mis palabras emitidas en la desesperación del que se le han acabado las mentiras  llenas de engaños, perfidias y traiciones (algo que había escuchado en  alguna canción de no recuerda qué autor),  y se fue pensativa, con lágrimas pesadas que ennegrecían el perfecto pómulo de su mejilla derecha, tantas veces besado, amado y sentido.

 No esperó a ver el rastro de sangre que brotó de mi labio inferior cuando el bofetón me dió, ni el "espera, puedo explicarlo", ¿qué quería explicar que las fotos y los mensajes descubiertos por la soberana casualidad no explicaran por sí solos?, agarró el pomo de la puerta, un último sollozo regurgitado del pecho, directo desde el corazón roto, ahogando el sentimiento de ira y frustración, nada que canciones de amor y desamor no rehicieran en aquella belleza que por allí salía para no volver, dejando al idiota de las faldas perdidas entre sabanas de  lujuria  y gemidos, siempre con otra nunca contigo amor (resonaba la canción de aquel que cantaba y del que no me acordaba), en aquel momento final del camino, uno de los tantos por los que mi vida transitaba, con el desconsuelo por el daño infligido, pero autista en sentimientos que no se desperdiciarían por la culpa tan cristianamente católica que envolvía la mía existencia hasta que mi ingenuidad se quebró en una de aquellas traiciones sufridas por mi yo, propio y desengañado, amando ciegamente y traicionado por los poemas de amor que con devoción me creía. Se hizo dura la piel del escepticismo que invadió el alma de este loco que de algún modo se dedica a describir las desazones alma que late tras el corazón negro.

"¿Y tú, qué buscas de mí?", le dije mientras por enésima vez bajaba llenando de besos ese corpachón, desde el cuello hasta el tabú de mi entrepierna, bajando y entreteniendo sus caderas en el suave ir y venir de su lengua en mi pezón izquierdo, adornado por un piercing que retenía con sus dientes con excitación manifiesta e impregnada en deseo transpirado por gotas que brillaban en la penumbra de una lampara de bombilla ecológica alumbrando los remordimientos con olvido, los sentidos que ya perdí para siempre con las siempre agradables caricias de aquella desconocida que me conquistó haciéndome conquistador de sus besos, a ella le había contado mi pequeño percance del anterior día en el que, la mujer de mi vida hasta entonces, no sería la mujer de mi vida de la canción de aquel autor que aletraba sus canciones a través de mi existencia, ¿o era al revés?, tanta era la confusión dura del momento que latía oculto bajo las sábanas que hizo que perdiera de vista el mundo para satisfacer la lascivia de aquella desconocida en una habitación cuatrocientos tres de un hotel de medianoche.


sábado, 27 de noviembre de 2010



Caricia delicada sobre la mejilla
de un rostro compungido
por un sollozo ahogado en el sentimiento,
lágrimas que humedecen los dedos
temblorosos, culpables por traicionar
la confianza desconfiada de lo
que hasta minutos antes fue, 
 y fue una relación bella mientras duró 
el encantamiento con que la pasión 
arrastraba a aquellos cuerpos
al roce desnudo de las sábanas
enlazadas entre sus piernas,
allá donde la razón
 pierde sus argumentos
 frente al corazón ardiente.
Hiriente confensó la verdad
oculto tras una sonrisa mentirosa,
la foto de sus tres hijos y 
de su mujer en la cartera entreabierta,
las palabras de amor profesadas
en suspiros y jadeos mutuos
cayeron cual castillos de arena 
golpeados por olas de estupor y desengaño,
violentada en su inocencia,
acusado en su propia mentira
dejaron escapar 
el orgasmo retenido
temblando en el placer 
del momento repetido varias veces
esa noche.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Lo que alguna vez fue

  

  Enroscando la suerte a los sueños profundos de la pata de la cama, desapegado al insulso latir de la vida allende las cuatro paredes de aquel cuarto de algún lugar olvidado en sus años y por la enfermedad inevitable del envejecimiento solitario, sujeto a la sonda que gota a gota le proporciona el alimento que no puede ingerir ni deleitar su maltrecho paladar llagado en infectas heridas purulentas, maltrechos todos los órganos vitales, la existencia iba apagándose en aquel hospicio final de monjas ajadas en sufrimientos etéreos, de aquel niño que fue con todo por hacer se había transformado en aquellos ojos  de anciano entrecerrados que ya no veían más que imágenes borrosas de una ventana que daba a un muro de indiferencia. 
  Ya que eran sus últimas visiones hubiera preferido ver algo más.
  La acritud de su saliva seca encogía el corazón cansado de latir, olvidado el amor y el cariño qué le quedaba en aquel triste final del camino sino un respirar entrecortado y lastimoso. Un futuro funesto de cuervos aleteando los restos del vivir. Vivía sin ser mas no quería morir, la inexistencia, el abismo del vacío, el olvido del traquetear de sus huesos por el mundo ajeno a su desdicha.
  Un último suspiro acompañó al cese de sus fuerzas,  el cuerpo inerte sobre la cama, un médico, alguien, certificó la hora del deceso su muerte, la sábana cubriendo su rostro sin expresión y lívido, los aparatos desconectados ante la inutilidad por el desuso del que allí yacía. Tenía nombre y apellidos, mas nadie los recordaba, un nicho de caridad acogió los restos de lo que alguna vez fue y ya no era.


sábado, 13 de noviembre de 2010

WHISKY CON ESCOTE EN UN TRAGO RÁPIDO

Se desplaza , en silencio, entre el bullicio de la taberna, abarrotada de gente iracunda y hostil, parco en palabras alza la vista cuando llega a la barra, al fin, entre medios empellones, pero, surgiendo simples gruñidos de su seca boca, logra su objetivo, con exagerado detenimiento observa el generoso escote de Eva trayéndole un Cardhu (whisky de malta) con un hielo. Sonrisa desdentada, ingiéreselo de un trago, paga y da media vuelta con el mismo silencio huraño con el que minutos antes llegaba, pero con la perversa satisfacción de haber contemplado, un día más, aquellos apretujados pechos de Eva, embebido por fantasias oníricas-pseudoeróticas en las que palpaba, estrujaba, aquellas turgencias, apretando con furia los pezones que se retorcían de dolor entre sus dedos índice  y pulgar, las que nunca, voluntariamente al menos, le serían ofertadas. Salió de la taberna y perdióse en la oscuridad asfixiante de la ciudad sin nombre. Un psicopata más andaba peligrosamente por sus calles.
¿lograría algún día su objetivo? ¿caería Eva en sus brazos? ¿se someterían aquellos pechos a las torturas eróticas de aquel demente? ¿o simplemente asistiremos al continuo whisky con escote noche tras noche tomado en un trago rápido?

sábado, 23 de octubre de 2010

Eterna confusión

   Sordos  susurros caían en la noche espesa, envueltos por una niebla húmeda. 
   Y espesa. 
  Y con unos ojos fijos tras una ventana, entre las cortinas agarradas por una pequeña mano con un muñeco aferrado a la otra. Miraba asustada, ella, desde sus ocho añitos, la nada que rodeaba la casa.  Temblaba su labio infantil, unas lágrimas resbalaban por su blanca mejilla. 
  Allí, ignorantes, arrogantes y urbanitas, se encontraban, una familia, víctima propiciatoria de la expectante noche. Olía a campo y estiercol, olía a tragedia y horror. Octubre en el calendario. El olor a uva rezumaba por toda la comarca.
   Estaban en una casa de diseño, en un entorno rural, rodeados por viñas de hojas caducas dispuestas en hectareas perfectas, ventanales de amplios cristales con vistas a la finca que los rodeaba, en la que ni para dentro ni para fuera habrían más pasos de humanos, las voces quedas que escalofriaban su tierna espalda - "niña sabelotodo" repetían , roncas, desde el abismo-,así lo presagiaban.
   Eran una pareja con  dos niños, parejita de piojosos, ella embarazada, un no nato entre la sangre, él con barba de fin de semana más feriado que alargaba la estancia en aquel bello paraje diurno que en las tinieblas de la oscuridad  les separaba del resto de personas , alejamiento ocasional alcanzado con años de trabajo y estrecheces, pero en el que encontraron  su paraiso soñado tras dos años de noviazgo ejemplares más boda por todo lo alto acorde a sus respectivos estatus sociales que los elevaba en una falsa nube de confortabilidad. Ahora, sin saberlo, sería su última morada antes de cruzar hacia el Averno.
   Él, sin saber  el porqué, sentíase inquieto tras el sexto whisky de la noche, algo en el silencio exterior lo alarmaba. Sin soltar el vaso con hielo  se cercioró de que las puertas de la casa estuvieran bien cerradas, nunca lo había hecho, pero en aquella noche,- "dichosa niebla" pensaba-, había algo extraño, comprobó las estancias de los niños, el pequeño cabezón rubio dormía a pierna suelta tras un día en el que sus cuatro años no habían parado de corretear y jugar hasta caer rendido, era agotador pero sus inocentes travesuras lo hacían reir, lo arropó, tiernamente, depositando un etílico beso sobre su frente, el tufo a alcohol hizole fruncir su nariz. Luego se acercó a la habitación de Salma,  dormía plácida, era su luz, la quería tanto, al contrario de su hermanito, era tranquila y se entretenía con dibujos y cuentos,  acarició su blanca mejilla y siguió su particular ronda, todavía inquieto, pero algo más tranquilo mientras orinaba a salpicones por la taza del retrete. Lo que no supo ese padre protector, es que, al sentir sus pasos, la pequeña Salma se acurrucó en sus miedos con el edredón de dibujos Disney y fingió estar dulcemente dormida, quizás si le hubiera dicho lo que sentía  hubiera podido evitar la desgraciadas circunstancias que acaecieron en esa noche infausta, la sangre no hubiera corrido, los demonios que rodeaban a esa familia hubieran desaparecido, pero con su silencio sólo provocó que aquellas voces que la atormentaban cruelmente, se riyeran de su cobardía , risas enfermas, risas de otro mundo, donde los espíritus se aburren hasta  que localizan una fuente en la que escampar la vida con pavor y gritos, aullidos en  la luz decreciente de una luna testigo desgraciada.
   Sentada en el sofá del salón leía una revista, mientras, la gestante, interiores, cosas de casa, para la casa, para los baños y la cocina, sus cinco meses removíanse inquietos en su vientre que no quiso acariciar, le repugnaba, fruto de una noche aislada con un chulo de barra de discoteca que la atrajo con aquella penetrante mirada que la desnudó,  con aquellas caderas que se ajustaban tentadoramente a su pelvis mientras bailaban, ebria de deseo y alcohol . Un encuentro entre amigas acabó con un embarazo inexplicable, aunque sabía que era de él, que aquella noche de pasión sin límites fue poseída como nunca en su acomodada vida lo habían hecho, los remordimientos vinieron al día siguiente, su firme decisión de que aquello sólo fue una vez se abrió paso entre los temblores de piernas que le entraban al recordar la intensidad con la que había gozado con aquel hombre sin nombre ni dirección, del que no supo nunca más, pero el cual le dejó el peor de los regalos, su semilla acusadora, que movíase inquieto y no querido cinco meses después. 
    En una atmósfera enrarecida bajó él, tambaleándose ligeramente, lo miró desaliñado, carente del atractivo que deslumbraba a los demás en días laborables, pero que al llegar al hogar se transformaba en un ser vulgar y un amante pésimo tras aquella experiencia extramarital, los orgasmos fingidos fueron la pauta, los cinco minutos de sexo que de tanto en tanto le prodigaba, se convirtieron en tortura rutinaria, las nauseas de los primeros meses y los malestares disimulados la salvaron de tener que yacer con aquel al que sentía que ya no amaba, más bien la moneda de la relación se había dado la vuelta y día a día el rencor y el odio se abrieron paso en su pecho, la furia en sus ojos quedaba oculta tras las gafas de lectura, pero lo detestaba, de un modo irracional que progresivamente había aumentado a proporciones dementes, cuando se apoyó sobre la chimenea vió la escena de todo lo que después ocurrió, se vió a ella misma coger el rompehielos de la cubitera y asestar su hoja contra la espalda  de su marido atravesando ese corazón que en un medio aliento de vida la miró atónito al contemplar la transformación semi-demoníaca de aquel ser que supuestamente lo amaba, le reía las gracias, le ordenaba las corbatas, trajes y calzoncillos, la madre de sus dos hijos, esputando saliva  con palabras odiosas mientras descargaba una y otra vez desfigurándole el rostro, ensangrentadas las manos hasta los codos. 
    La escena había sido contemplada por la niña, ellos le habían dicho lo que iba a suceder, el padre que tenía lo mataba la madre que tuvo, ya no era su madre, poseída por un instinto infernal, la irracionalidad e había apoderado de sus caricias, las patadas del ser de su vientre, luchaban como un latido fútil ante la desgracia que se desarrollaba. 
   Le abrió la puerta, por un momento creyó que algo terrible le ocurriría, desconocía la muerte, pero conocía el miedo ,  entre sollozos y temblores se había aferrado a su peluche, era su madre después de todo, no podía huir de ella, su amor materno filial era aún más fuerte que su instinto de supervivencia, -"sal fuera", dijo con voz gutural-, subía escaleras arriba con el cortahielos, Jaime no tenía salvación y lo que quedaba de su padre encharcaba de sangre el suelo del salón con los ojos desorbitados y una mueca de sorpresa, el vaso roto esparcíase en cachos irregulares.
  Salió a la bruma, sus pequeños ojos azules no veían más allá de la exensión de su brazo. Un estruendoso ruido la agazapó todavía más en su miedo y la caída del cuerpo inerte de su hermanito a su lado la hizo gritar desesperada mientras risas escandalosas taponaban sus orejitas, su tierno cerebro estallaba en pánico, el destrozado cuerpo de Jaime anunciábale que era la próxima, su nombre flotaba entre la niebla, roja, en una despavorida huída hacia ningún lugar,  con las piedras clavadas en su pie izquierdo, el que descalzo iba, saliendo del jardín y adentrándose entre las inquietantes viñas de hojas caducas, con la brisa ululando su nombre entre un silencio que la atormentaba, con voces de ultratumba, no le quedó más que agazaparse cerrando los ojos fuertemente, deseando que todo aquello fuera no más que una pesadilla en la que despertaría al alba volviendo todo a la normalidad, pero no sería por que en el balanceo compulsivo sin tió la fria hoja penetrando en su cuerpecito, llevándose su último aliento de vida, sus temores desaparecieron de golpe, se encontro en la misma nada que la niebla ocultaba ante sí, un últimó segundo de vida le alcanzó para observar a su madre clavando el cortahielos contra su vientre, fuera de sí, enardecida en la locura de una noche sinsentido.
  Y despertó convulsionada y convulsa de su pesadilla, con la agitación en su respiración entrecortada, lo malo era que realmente su madre también despertaba de su ensoñación transformando su imaginación en realidad y la realidad se convirtió en un  bucle temporal y espacial del que nunca más salieron, sumergiéndose en una eterna confusión entre la vida y la muerte...



domingo, 10 de octubre de 2010

El entierro

 En la ribera de la ciudad se oye el repicar humilde de las campanas de la catedral insertada con calzador en la Mezquita de Córdoba, fúnebre los momentos, llantos silenciosos, ojos enrojecidos, almas empequeñecidas ante el frio roce de la guadaña en el vacio insubstancial de la vida, crucifijos, ausencia, eterna e irreparable, amor de los apenados, puños cerrados continentes de lagrimas lastimadas, entra el féretro en el coche adornado por las flores muertas en un día gris, lutos cerrados, negro contrastado por geranios en flor que adornan ventanas y balcones de las blancas calles de lo que antes fue la judería.  Las miradas se pierden en el recuerdo de la existencia de aquél que yace en paz que una vez que se expira el último aliento, el miedo a la parca desaparece con él, en la nada oscura que se abre ante todo, la angustia queda para los vivos que adquieren consciencia en esos momentos de la finitud de nuestras miserias cotidianas, encorvados como siervos ante los opulentos intereses de aquellos que yacen en panteones, patéticas ínfulas inmortales en el que el nicho se iguala en utilidades mezquinas.
Los andares de piernas pesadas y tambaleantes se acercan al camposanto a rendir el último homenaje de quien fue algo en vida, viuda e hijos afligidos, inconsolables los primeros instantes en los que no se es plenamente consciente del hueco que deja en nuestras vidas la ausencia del querido ser que con su terno de los domingos palidecía una sonrisa póstuma en el momento en el que la tapa se cerraba sobre el ataud. Toses, palabras en forma de susurros, entra en la tierra lo que sólo a la tierra pertenece, nosotros mismos. 


Descanse en paz Don Rafael García Rodriguez, mi tio

miércoles, 29 de septiembre de 2010

a la luz que ilumina

SUCEDÁNEO 1
La luz que ilumina la noche oscura 
las estrellas son, con las que sueño,
el  pasado en el que alguna vez viví , 
a través de su luz, ora más cercana, 
antaño más lejana, quiero creer en mí
en lo que queda de aquel niño que fui,
inocente y puro, cuando la magia 
escondíase
entre los recovecos del noble corazón
al que la realidad apuñaló inmisericorde
con la crueldad propia de lo inhóspito.

SUCEDÁNEO 2

Y fuimos creciendo, separados,
hasta que el destino vital nos unió
hasta que las piedras 
con las que tropezábamos
una y otra vez
en la vida
permitieron en una de las caídas
encontrar la luz recíproca
de aquel brillo en nuestros ojos.


SUCEDÁNEO 3
 
Pero lo que se nos da, otorgado,
no es siempre fácil, hay que luchar,
luchar contra las inconveniencias absurdas 
de realidades dispares, 
el agua que tiende a escaparse
entre los dedos de nuestras manos
al sentir el roce de las caricias
preludios de besos infinitos
que nunca acaban mientras enamorado 
se está,
luego viene el pensamiento
la razón social de un sentimiento,
el chequeo mutuo,
aquella luz que de niño
iluminaba los sueños
entretelados por una cortina,
había recorrido un largo camino 
hasta que la calidez de tus abrazos
hollaron mi cabeza,
entre la dulzura de tus susurros,
cuando ya iba a morir 
para el amor
vinistes tú
y me lo descubristes.




viernes, 17 de septiembre de 2010

Fin de semana

  Dejó las gafas de sol en la entrada, miróse al minúsculo espejo las arrugas que dibujaban la expresión de su frente al fruncir el ceño, dirigió sus cansados pasos al dormitorio, prende el ordenador mientras busca la muda limpia que se pondrá tras una reparadora ducha, deja un suspiro en el aire de cansancio mientras se desviste, lanza el uniforme hacia el repleto cesto de la ropa sucia en viernes por la tarde, camina descalzo, dirección a la cocina, platos y vasos en el fregadero, abre la nevera desnudo, una cerveza enlatada expulsa los pertinentes gases al presionar la anilla, eso y el primer trago que bajó por su garganta era lo mejor de su fin de semana, cerró los ojos deleitándose, espaciando el tiempo detenido en un momento, un sorbo tras otro, él, flácidos abdominales en una luz de tarde incipiente con calor en las axilas, la libertad de un instante que le pertenecía, hecho suyo, sienta su culo desnudo en la silla de cocina, se relaja, piensa en la soledad ensimismado por la quietud en la que transitaba su nula vida social. Estruja la lata, señal de su vacio, ideas que se escurren por el cubo de basura, la ducha, después el ordenador como ventana exterior e interior, pero con el silencio de mil canciones de amor sonando en el desamparo de un corazón que hacia tiempo que no latía por nadie, más lata en una tarde invisible de viernes, callos en las manos rugosas untadas con la correspondiente crema. Bajaba ya el agua tibia por su cuerpo, champú en la cabeza, gel en la piel, Onan manifestándose en la ducha, relax tras un corto gemido de su boca mientras le temblaban las piernas, chorro de agua fría antes de salir.

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