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sábado, 13 de noviembre de 2010

WHISKY CON ESCOTE EN UN TRAGO RÁPIDO

Se desplaza , en silencio, entre el bullicio de la taberna, abarrotada de gente iracunda y hostil, parco en palabras alza la vista cuando llega a la barra, al fin, entre medios empellones, pero, surgiendo simples gruñidos de su seca boca, logra su objetivo, con exagerado detenimiento observa el generoso escote de Eva trayéndole un Cardhu (whisky de malta) con un hielo. Sonrisa desdentada, ingiéreselo de un trago, paga y da media vuelta con el mismo silencio huraño con el que minutos antes llegaba, pero con la perversa satisfacción de haber contemplado, un día más, aquellos apretujados pechos de Eva, embebido por fantasias oníricas-pseudoeróticas en las que palpaba, estrujaba, aquellas turgencias, apretando con furia los pezones que se retorcían de dolor entre sus dedos índice  y pulgar, las que nunca, voluntariamente al menos, le serían ofertadas. Salió de la taberna y perdióse en la oscuridad asfixiante de la ciudad sin nombre. Un psicopata más andaba peligrosamente por sus calles.
¿lograría algún día su objetivo? ¿caería Eva en sus brazos? ¿se someterían aquellos pechos a las torturas eróticas de aquel demente? ¿o simplemente asistiremos al continuo whisky con escote noche tras noche tomado en un trago rápido?

sábado, 24 de julio de 2010

La gitana y el Rey

  "Salistes de la concha de tu madre y ahora que eres mayor y adulto te crees importante por ese rolex que en la muñeca llevas y ese Audi en tu plaza de parking reservada, pues escúchame maldito insolente: no eres nada, nada, ilusión pasajera y efímera, nadie derramará una lágrima auténtica cuando mueras, te las tendrás que pagar, tendrás que pagar que alguien llore por tí desgraciado, no, no te rías no soy una simple amante despechada, no soy una de esas prostitutas de lujo que frecuentas, he sido, óyelo hideputa bien, he sido el amor de tu vida, eso vístete corre, corre como te corristes en mi cara, llévate tu desprecio pues yo no lo quiero y el doble te ofrezco, de mi sangre zíngara  sale un te maldigo para siempre y que de la simiente que llevas en esas pelotas rasuradas resulten semillas yermas de ilusión porque de ésta que te escupe palabras dolidas destrozastes su corazón que con pasión te entregué y roto me lo devuelves."
  Se cierra la puerta, se hace el silencio, roto por el sollozo de aquella mujer despechada, con el alma destruida por el desamor sufrido camina hacía el tubo de pastillas, una botella de whyski, canciones de una tal Chavela Vargas de voz desgarradas en el tocadiscos de la desilusión, ninguna carta que escribir, nadie a quien llamar, la soledad absoluta de un ser que ya no era, que ya no quería respirar, quería volver a la tierra que la vió nacer, al carromato de instantes de su niñez en que la calidez de unos brazos parentales abrazaban con ternura y dedicación, se miró al espejo y sintió autopena por la persona que se reflejaba en él, del rimel descorrido que por su cara bajaba, sucia, sucia y ultrajada se sentía, los sueños de ayer se habían transformado en auténtica pesadilla, de las esperanzas anunciadas,  rastros de semen en los pechos, del que ya no volvería, del que ya no la usaría, su odio ennegreció su corazón y éste dejó delatir, en la cama revuelta de la habitación 303 de un hotel de lujo, con jacuzzi y barra libre, de toallas suaves. Las crónicas del día siguiente nada dijeron de la muerte de esa amante sólo el Rey en su palacio sabía lo que había ocurrido aquel día y desde aquel día supo que la gitana con su maldición sellada con la pálida dama lo dejaría sin descendencia.

sábado, 20 de marzo de 2010

Resaca con la camisa de estreno

Busqué entre un montón de estiercol resacoso el recuerdo de aquella noche de las veinte copas de cerveza, algo difuso quedábame el espérpéntico ridículo final cuando en mi increible locuacidad vocalizaba trastabillando la lengua entre los dientes, paladar y salivazos varios, "hoola guapa, ¿estudias o trabajas?" retumbábame en la cabeza de los mil intentos de ligoteo con sus correspondientes expresiones de incredulidad, fastidio, risas varias mientras eseaba el trayecto que llevaba al patetismo y al fracaso de una salida nocturna de sábado con la camisa nueva, pero sin polvete, mientras la lengua de mi amigo Sebastian se enroscaba con la de la tercera mujer de la noche, la definitiva y con la que compartiría el sillón trasero del coche, era tan bello y varonil que hasta en la borrachera yo mismo le hubiera ofrecido mis encantos de no ser por lo ocupado que había estado entre plan y plan. Recuerdo que marché cuando encendieron las luces del local, otra vez solo, otra vez borracho, otra vez pagando amor ocasional de cincuenta euros y poco más, un motel barato, un domingo de pasión. La camisa estrenaba enroñada por los puños, apestando a tabaco y alcohol, con pequeños restos de la cena vomitados generosamente, puntitos anaranjados, la prostituta roncaba al lado de su último cliente, de su mejor cliente, de nombre impronunciable para un españolito de a pie, pero de generosos pechos y unas artes amatorias que le reportaban mucho éxito.

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